sábado 19 de septiembre de 2009

Poetastro

Coplón




Abocetada,
esta letra
malcarada
no dibujó
la silueta
que yo
esperaba.

Quedó
insinuada,
mal hecha,
desatinada.
¡Se hinchó!,
para luego:
Parir la nada.




Poetastro




Evocando
memorias,
transcribiendo,
busco la materia
prima de mi obra;
diestra y siniestra
extenuadas,
ha perdido
muchas cerdas
mi sedera.

En la sentina
sin letras de mi mente,
se atollan las ideas,
mis versos
aún sin forma
expiran sin
pulsar de tinta,
ríen como muertos
antes de ser joyas.



A mi Musa




En este consomé
de ideas mal paridas,
hay una conflación
de esferas distraídas.

Serás tú el entremés
de mis cenas podridas,
que sí, de cuando en vez,
generan un coplón.

¡Distraigan la vista,
despejen el área,
allí viene la turba
mayoritaria!

¡Ámame, lucecita!
Y no me llegues como flor marchita,
desovíllame la academia
que mi letra la necesita.

¡Vamos, entrégame la base!
Pues paremia no nace,
cuando el puño no tiene clase.




Bato, no Vate




¡Cómo! ¿Qué cosa?
Este bato
envuelto en su arista
de grano barato,
¿quiere ser artista?

Pues así como suena,
nada más y nada menos,
se soñó… ¡pendolista!

No le importa andar
por allí perniquebrado;
ya le vendrá
un tiempo mejor
para fingir estar sanado.

Sus ribetes, por lo pronto,
ya nos ha mostrado.
Se sabe los pasitos
del “tarín barín”
pero se siente holgado.

¡Cuidado, que embiste!
¡No tiene confín!
Es un toro marrajo
de corazón pellín,
que quiere atinar
antes de su fin.



Cántaro vacío



Cántaro vacío,
Calíope no visita
la alacena de tu hastío.
Aunque dueño de un caletre,
te resta y opaca lo tunante;
y así, nacen y perecen
tus intentos poéticos sin arte,
singularidades de la infamia
que titulas, con retoques
de palabra que articulas.
Naciste en los límites mentales
de la capacidad humana mínima,
partiendo sin alas a las evasivas
que han hallado tu única y oculta mina.
A simple vista sólo un campo desolado,
un erial en todo su significado,
una prímula sin sol
que a la estética ha ahuyentado.
Si las palabras fallecen,
nuestro jardín no embellece, amigo,
y si de noche, Calíope no se acuesta contigo,
y si de día, te oculta su bella calología,
logremos al menos, hermano,
mejorar nuestra ortografía.



Prisa poética



Hay expresiones pendientes
justo detrás de tus dientes;
son el denuedo silente
de tus palabras ausentes.

Si no están en la RAE,
¿ahora quién te las trae?
Si no te llegan te arruinas
y pierdes lo que imaginas.

Si no ves bien los azules
ya no armonizan los tules;
de golpe, la abdicación
te romperá la canción.

Si no hay imaginación
nadie verá la visión,
y marchará al cementerio
tu nueva composición.

O quizá,
arrojes tu mente,
haciéndote indiferente
a la buena redacción,
para que,
como dando un brinco,
llegues a los setenta y cinco
sin evitar un coplón.



Mala-dicción



Cambalud,
y en tus brazos
la calígine,
sofoca mi quietud.

Falló el intento
de sorberme tu amplitud;
ya no me caben tus memorias
sin brindar a mi salud.
Suerte en lo etéreo
y en las mala-dicciones.

Llegará el día
de rentar un cementerio,
y en resumidas conclusiones…
¡no hallarán cuerpo
mis galácticas ficciones!

¡Habrán fallado
en la esperanza de brillar
con nuevos soles!



Ex-pretensión



Recordaba aquel día
que casi estiro las patas,
bebiendo matarratas
y peleón.

Componiendo así una pea
muy maldecida y muy fea,
que por poco me hace siembra
en el panteón.

A la salud se brindaba
y ese trago me mataba,
las puertas del otro barrio
me mostraba y yo…
salía y por momentos entraba,
pero no me convencía.

Recostado en un recodo
y a punto de fugar del todo,
mis razones esgrimía y me pregunté
si algo de noble traía
andar el tráfico de esta vía
sin entender mi porqué.

Y así, hasta San Pedro me proyecté,
pensando que este apóstol deslenguado,
sin reparos en pelar las orejas de algún
prójimo dañino y malgeniado, de buena gana,
al menos algunas cuestiones -con cariño-
me pudiera responder.

Mi optimismo crecía;
las buenas nuevas -me dije-
serán todas viejas de hoy para ayer
pues el tiempo no me podrá contener.

Pero el temor me asaltó
-en el averno no pensé-:
“¿Qué tal si me lo merezco?”
Eso no lo calculé,
y en esa hora, de feliz suicida
a moribundo estresado pasé.

Pero pronto me dije:
“¡Eso no!”, y reflexioné,
como dice la tradición:
nada de tildarme de auto-asesino;
sólo soy un alma que busca su destino.

¡A mi nadie me huaripampea la salvación!
Yo llego a la puerta, y si no me dejan entrar
¡a San Ibo contrato y presento apelación!

Mi dulce sueño de esta manera se armó,
y recordando a Palma, a mi mismo
me repetía:

¡Pues bonita va a ponerse la gloria!

A medio sueño,
llegaron los que no sabían
y me amordazaron:
“¡No te mueras!”,
me repetían.

“¡Yo no me muero, ustedes lo están!
¡Muertos, váyanse de aquí!
¡Yo me voy cuando quiero
y a nadie le pido permiso!”

Después, alguien apagó las luces,
y del todo me desentendí.
Cuando desperté, descubrí el paraíso,
y sin poder morir…
volví a nacer.



No inspirado y retórico



Las damas bellas
lloran en algunas novelas;
los amantes gozan
mientras quiera el autor...
La poesía yace lisa en mi memoria.

Los castigos se dispensan
con la justicia impresa
de algunos autores
que no redimen personajes;
varones con coraje
son de conocida mención...
La poesía se endura en mi puño;
mis versos, no entonan canción.

Los tiranos
no triunfan en los escritos puritanos;
sí en las iglesias, en el mundo,
y en cada bien formada institución;
pero yo me cansé de escribir sobre esto;
mi poesía ya no tiene tema de predilección:
ella se abraza de otro puño
con pulso de erudición.

Tanto es así
que ya no hay pozo para mis deseos,
ni para mi personal petición; y yo,
deseo el abandono de cada verso feo,
tal como éste,
que lleva nada por entretención...
La poesía me acusa de maltrato,
me acusa de adicción.



Leve altor


¿Quieres aluciar tu extraño gris de fino acento,
que se confunde con el polvo muerto de la pampa,
aquel lugar donde acampas y reciclas tu alimento?

“Un pichón de cóndor andino transcordilleral”
¡Tamaño sueño el suyo, mi hermano gorrión!
¿Recuerdas cuando querías igualar en cantos al ruiseñor?

Pequeño insolente volador, tu comedia es comparable
a la actitud de la obrerita negra que soñó con ser aluda,

falta sólo que te quieras disfrazar de Vallejo,
para que, de crítico, tengas a Neruda.

Cuídate de la monstruosidad de las grandes altisonancias,
donde ya muchos aprendices lucen su nariz-tocracia.
No quieras morir de niño sintiéndote señor,
pues es mejor ser un novato de los buenos,
que de los necios, el mejor.

Surreal amatorio

Recuerdo de

un romance gris

Ya atienden
tus deseos;
la vida trasciende
el punto ideal;
tu piel,
en trino decatlón,
está dulce y
amarga el gusto
del que no
podrá tocarte.

Siempre hermosa
entre la lluvia
de tus ojos,
fémina tarde,
yo te vi.
Escribías
amaneceres
en tu noche
-para mí-
y fui claro
con tu niebla,
cuando eras tú
muriendo a sonrisas
y yo velaba
la tristeza de tu pelo.



Ausentes



Se cuela con parsimonia
la dicha que no se espera,
llegando nunca, tardando siempre,
yendo atrás sin vientre lleno;
cero expectativa, vida nueva no,
la mueca de risa sin boca, sólo mental,
con sonido de metal inmutado de golpe.
Estira tu mano, mi amor;
adórame al otro lado del cerco y llévate,
llévate estas ganas desposeídas de nos.



Rosa Negra



Tus lágrimas, Rosa negra,
tus lágrimas; tus labios de pétalo,
tus ojos, portal del abismo turquesa,
color de la vida...
Apacienten mis ansias,
detengan el lucubrar de mis noches
donde sólo de ti y la locura que arrastro
planeo.
Vuelvan tus lágrimas, Rosa negra,
a salar mi sensación de entierro
y niega; niégame el cortejo fúnebre del amor,
y dame vida.
Quiero renacer adorando
una caricia sobre tu tallo desnudo;
mi cuerpo se disloca de pasión
por una visión de rayos brunos
retocando la belleza de tu abismo.
Es aquella guedeja que me hace torpe
y servil de tus años. La estoy amando,
y a ti.



Espabilado



Se rompe a paso de nueve y treinta más
con roja y ámbar mañana de Magerit,
a tiempo tapiz de espacio peninsular
que llora a timbrar mi noche sobre otro mar,
o canta su alegre goce y extiende amor.
No lo sé… pero…

¡He despertado a tu orden quintanañera!
Mi cuerpo no se reserva a tu compañía,
enervas mi resistencia con osadía
y en esta mitad de noche, con tu quimera…
el sueño ya no me vence con su ordalía.



Guitarra



Grietas;
tu madera cepillada, curva.
Adoro el sonido que entregas
con tu primera rota,
creación sin firma;
negro, acusador del alma,
es el color donde te miro.

Me veo. Tienes el taurino,
es tuyo; rojo va al centro.
Acústica amada, ¡fui infiel!,
pero ahora te recuerdo. Ya vine;
¡sonríe que mis dedos son tuyos!

No te daré la plumilla
plástica, fría; será de mis dedos
estilando mi puño,
construyendo color en el tiempo,
matando el silencio,
cantando contigo un “te amo” a fulana,
un "te quiero" rendido, una nota de cama,
un suspiro vendido. ¡Guitarra!...,
no me celes los versos.



Albúmina aspirina



Siendo somos,
no nos esperemos;
paso lento al facto tramo,
cerca, no lleguemos.
Extirpa el goce,
mostremos todo,
sin calcular demos;
no tengamos: cercenemos
lo lejano al tiempo,
amemos,
bebamos su residuo…
¡Vamos! Ya es urgente
la implosión de estos besos.
Fragor de junio;
estrepitoso aparecer
de tu alondra en mi verso
no nacido.
¿Caliente superficie?
Paño frío. ¿Humo? No...
Vapor.
Belleza albúmina
acompaña
mi silueta de estanco.
¡Tú vives, amor!



Mi flor en tu valle



Las eras se detienen, la historia es hecha pedazos,
el tiempo se congela y ahora son gigantes nuestros
ínfimos retazos.

Nos recostamos a un lado del camino,
para vislumbrar el sendero doble que
lleva al valle donde la leche de cabra
y la miel de higo son el arma de tu alma.

Quedo frente al campo albo de tu humanidad urgente;
afirmo mi rostro, conjugo el gusto, limpio el camino
de pedruscos; y contemplándote, me inundo en el estro
que aligera mi pluma.

Tu guedeja boreal me aturde y apremia;
resaltan entre tu aladar dos centinelas atentos,
muy enfocados y fijos, como turquesas incrustando el
alabastro de tu faz, que me provocan el cielo; quedo
vecino lejano del mundo y en tu valle, siembro mi flor.



Estival



El emblema de tu ceño acerado
y tus ojos avisados en verso tientan, amor.
Éste será dedicado, pues;
el alma de los dos postra su tacto,
concede visiones, ofrece arrebatos, y
en el sopor de tu trance, he olvidado tu voz.
Contemplo tu paso de Mujer a escultura
en la ilusoria real que vas creando,
imprimiendo vectores de premura
con diversos atentados de tu dar,
en la cosecha de amor que maduras
con diez minutos de plasmar, y yo…
no recuerdo tu voz.



Plat-ónicos



Un bautizo de sal
sazona el juicio y el sol;
hoy mismo de sobre mí
retirará su esplendor.

Mía será la noche
y un amor de platos-ónicos
revelará mi interior.

Tráeme la caja, cielo,
la caja no dejes escondida;
tráeme la copa y el vino,
¡me cayó mal la comida!

Dime:

¿Te gustaron los chocolates
que te compré?



Inconjugado



No dista;
escueto, incierto…
Me pellizca.

Verbo muerto,
se congeló inconjugado
por horas acumuladas
en atención, parapetado.

(Mala postura)

¡Amar murió en manos de Temis!
Su cuerpo flota.
a.- Se fue, se fue, se fue…



Será



Será sin nombre y sin sonido,
será para proferirlo en nada,
será del tú en mí, sin yo, ni ti;
será el amor de palabra callada.

Será de la mente conmigo,
contigo y tu piel al lado de él;
será un secreto mío,
sin motivo, razón, ni abrigo.



Surreal-adulterio



Este abrazo conserva un cariño nuevo,
su resuello lejano -partido por el cielo-
es pulso, vitamina y sabor de un chocolate
que juntos… no partimos, pero que nos gustó.

Como suele pasar y sin ayuda de una vida cálida,
tras unos billetes corre mi tiempo;
y es nuestro café una ausencia rodando en la mesa,
un abrazo bebible sobre el mantel del tropiezo,
un día jueves sin dos, tan adúlteros,
y dispuestos a empeñar el último hueso
por una nada rendida en esta silla cuadrada roída,
ya ovoide, de fricción y besos.

Ya no patines en la duda, mujer. Tenemos que dejar
de vernos así; esto es muy riesgoso.
Te beso.



Enlabio



Se deshace en mi rostro
aquella postura que tiento
delante de ti.

¡Tus azabaches, corazón,
tus azabaches
oscilando belleza!

Tus labios
llevan al punto
la sencilla palabra.
Tu muestra de sentir dice:

¡Te quiero!

En ese momento las luces
se asfixian, y se descomponen
sus colores dentro de mí;
la fatiga se acaba, el ánimo
vuelve, el sueño es posible;
y yo, me miento con agrado.



Cuando me muerdas...



Cuando me muerdas (si me muerdes),
no te tragues mis semillas.
Yo sé que mi amor te apetece
siendo yo sólo un fruto silvestre
de lo más común y sencillo.

Yo sé que a tus ojos...brillo,
pero es más de lo tuyo que de lo mío,
y ya no te importa que apeste
si suelo tener al poderoso caballero
bien acomodado en el bolsillo.

Cuando me muerdas (si me muerdes),
quiero que recuerdes…
que no será más que el rumbo de un jueves,
que tendrás sólo un fruto caído
que extravió la verdad entre sus sienes.



Y a ti...



Si voy, entonces vuelvo.
Los caminos son así:
dirigidos por aquello
-y parecían ser míos-

Qué locura y presunción.
Hoy lo entendí. Estoy cayendo
en sueños de un alado corazón,
no mío, vendido a la felicidad
que no encontró conmigo.

De suyo con otro,
lugar distante, mis ojos no ven
pero mí adentro siente.
Todo llega luciendo cariño,
y a ti no debo amarte, mi amor.



Arte menor



Siendo trino celeste
me he posado en tu rostro
como el canto del este
y su mirada de astro…
Mi paso largo es triste.

La mañana silente
va atiborrada de estro,
traigo temas pendientes
siendo viejo cabestro…
Mi trazo fasto es fuerte.

Yo miraba de lejos,
lejos sigo mirando
sin disfrutar tus besos
¿Por qué seguir soñando?
Lo mío no sentiste.



¡Azufrado no!



Querida adjunta
de amor parla-distante,
hoy me expresaré
en lo tocante
a nuestro negocio
corriente:

“Vender el alma
cual lastre”

Quería decir
lo siguiente:

¡No te descubras
el vientre
mientras demontre
se encuentre!

Que no me
tienta el azufre.

Salud.



Plaza liberada



Serás libre.
Mis diez yemas palomas
devoran el grano que arrojé en tu ser,
digitan y toman del peligro lene
presente en el llano de tu cruel vergel.
Llegó el momento. Muerde mi aliento,
que se hallaron brasas calcinándome la piel;
mi pileta danza con la hermosura de mil de colores,
va despidiendo vectores concentrados
en chorritos y sabores, que siguientes caen,
bendiciendo a gotas la pronta libertad de tu plaza,
estrellando desvíos, imponiendo el sembrío
sobre el áspero adoquín. No habrá masa hereditaria.
¡Vete!... ¡Estás emancipada!



Facción



En su primera facción,
hermosa, bendita…
Mirar como mira
su retrato, y ver
una niña mora allí,
en su estatuilla dorada,
es goce en mi seso.
En un trocito de ella estoy,
a paso de hormiga,
recorriendo un pezón
con lunar de mambla
y rosada mamila.
La gente ha seguido
y van a pie,
amotinados,
partidarios del acto,
centinelas, patrullas,
aliados del pre-facto.
¡Embargaran el amor
de los pudientes para
servirlo a la mesa de
los desposeídos!
-Oprimir al grande,
liberar al chico-
¿Darle talla al pequeño,
envilecerlo
haciéndole señor
del que lo oprime?
“Esta revolución
nos matará
dos veces.”
Yo quería, yo quería…
ser tu presente,
pero tengo hambre, amor;
no recuerdo el desayuno.
Yo quería brindarte
un alevoso arrebol de caricia
en el adoquín de tu plaza;
ser tu beso de hoy.
Jugar con tu bandera,
granar como fruto
de tu huerta aledaña.
Mojar con mi pileta
la piedra de suelo.



¿Infieres?




¡Yo te absuelvo, corazón!
¿Acaso de grandes culpas
está llena tu memoria?

Seré ante todo el pedrero
de tu suelo alabeado,
y por las noches correremos
juntos el destemple
de estas manos amortajadas.

Pasaré de este bautizo de sal
regándote de amor a carcajadas;
ya no traigas el futuro sin mañana
-no lo entiendo-.

No es canasta del exilio
éste mi espacio;
no es pintura de ojo arcano
mi lamento, ¡no!;
ni es adorno sin recuadro
este silencio.




Digo que no




Si es de lo bello en la cruz
matando al noble y ajeno sentir;
si es de un pecho vacío
con cantos que anuncian morir;
si es de lo nada sin dos
que entonan la dicha sin fin;
si es sin color en esta vaga memoria
y fruta podrida mal convidada;
si es de palabra tardía
que duerme el anhelo
decolorando el sonido;
si es de ventisca otoñal
mal adornada lo que queda;
si es de claridades sin mañana
por las mentes encendidas en la noche.
Si es así, yo me preguntaría:
¿Sería tan malo lo que nunca te daría en
aquel lugar de mucha vida y tanta nada,
donde yo te tuviera que guardar?
¿Dirías que sí? ¡No!, yo digo que no.



Sabe, el alma, se sabe



El alma que trova en machacar lamentos
sabe que la prisión es inútil y no se quiere reformar.
Se sabe paso lento sobre nieve hispana,
se sabe ala rota, desvanecida y vana.

Se sabe prisionera de la perengana,
intrusa segundera de su fiel zagala.
Se sabe muda lágrima sobre agua perla,
húmeda lucerna de la piel que ama.

Se sabe brisa inquieta que con prisa pasa,
hoja desprendida que el otoño arrasa.
Se sabe conjuro sin suerte en intentado error,
brindando calor, concupiscencia, y ganas.

Se sabe semilla sin tierra en soledad que engaña;
dura, seca, macilenta, sin lugar, ni entraña.



Verso lacio



Quedarme los ojos sin ti,
desenvueltos de abrazo, ciegos.
Bajo gotas salinas –su canto-
de trilce dolor, de aniego.

“Quedarme la vida -sin vida-
de frente a una horizontal recia
que avanza a doble paso
marchando al destierro…
Y fragor y fragor...”



Estro



Ya en la misma e inicial nota que no se queja.
En vista de estar tranquila y quieta, daré ritmo
al mar de mi caleta con una amanecida morisqueta.

Voy, destino soñado, pisando nube, atravesando
los promontorios del espesor celeste, trocando
mi verdad incierta; tronando el silbo con silueta
de lo mí y lo tú, sin cambio de moneda prieta
por sencilla apuesta; surcando libertad cedida,
sobre la piel vendida, en senectud a priori,
a la esclavitud.

Siendo vivo, muero; resucito, infesto trueno romancero,
en la liturgia de tus labios cienos; ante el oculto lago
bruno, sobre el líquido y apretado lugar de tus encierros.

Dueño al empeñarlo todo, para serte y olerte en la ansias
de despertar sin verte, dormido sin tu aleta, apretando los
colores sin coleta; parto del cuarto, y entre medio octavo
sordo, sin tu vientre, yo coagulo celestinas.

Dicciones

Entonces pasa...




Y si el silencio,
te confiere,
la vez segunda
en vano intento,
¿dirías que sí?
La superficie
del tropiezo,
-ahora grata-
nada llana,
tan honda y
depresiva…
¿Dirías que sí?
¿Que poner
un paso en
este vado
es de ralea
como la tuya
y eres digno
de mirar
de mente afuera?
¿Dirías que sí?
Entonces pasa;
el vado es para ti:
pasa…



Brisa



Son hilos de brisa
-corriendo la vista
a lo claro-.

Lucía, luces;
ya te vio el viento
enfriarte un par de brasas…
y venir...



Imagen de camino



Asfalto y seña
me han traído
del pasado tu reseña…
Los eucaliptos
de mi sierra
Liberteña
-abismo abajo-;
mitad son viga,
mitad son leña;
la roca…
húmeda de cielo
y el pasto;
verde,
agradecido…



Ilapso



Arrebol, gris claro, arrebol.
Gris toxina de ciudad.
Así matiza su bandera
este cielo terminal,
siendo expansión fantasmal
que bebe ceniza
para borrase los tintes
de sangre solar.

No fue la fácula extinta,
sino, para otro borde, en fulgor,
con su faz en latitud distinta,
como peca de fuego,
corre y desnuda su ignívomo andar.



Recodo



La sombra me pesa;
es por eso que a la luz
me espanto.
Me atollo en este nudo
que no me permite el llanto;
debe ser grande mi pena.

Con la tendencia
forjada de muchos años,
el paso que supo llegar
al muradal de siempre
me acompaña.

Traigo vencidas
las memorias que salvan.
Mi cielo es un garabato
a crayón de trazo niño,
encierro alucinado;
caricia sin tono de Madre.



Disímiles canteras



En un sentir de tierra,
de alma de Indio y panorama,
de generación discontinua
pero hermana, contra los monos,
una alergia de mí se apoderó,
muy similar a la dicción Vallejiana.

Verso-dicho acierto; es,
como clamor de vivo-muerto
el espesor de su mudez.

Como tesoro en repartija
entre los hijos de viudez,
la rica herencia fue entregada
a cuervos que no sabían leer,
ni entender…

¿“¡Me impactó! ¡Me impactó!”,
dices? ¿O la cabeza se te llenó
de imágenes meretrices?

La luna es una piedra, hermano,
que presta luz de sol y brilla,
como la estafa del pseudo-lorquiano.



Necio



Soy humano y de esta raza
nunca me levantaré.
No soy un mono de avanzada;
soy el desencuentro del Edén.
Yo caí, y te juro que fue muy grave,
y te juro que no fueron tres veces,
y te juro que forjé una costumbre,
y te vuelvo a jurar que no me arrepentí;
y no lo haré. Para hacerlo volví y volveré,
reincidiendo a rodar y a caer como piedra;
pero piedra siempre seré,
con la dureza que sólo cambiará el día
que la muerte y la avanzada descomposición
me hagan polvo bajo tierra.



Así de muerto, así de necio, así de vivo



Tu devenir postrero
me sorprende llegando,
loco, natural, austero,
con mil coces
contra el aguijón dando.

No soy de la vida.
Soy para el abismo
de mil cocotazos recibidos;
¡y a seguir terqueando!
¡Así de de necio, así de vivo!

Pronto yaceré
amando el labio frío de la tierra,
siendo pueblo cercano a un río,
con el mineral de lado
y el organismo activo;
así de muerto,
así de necio,
así de vivo.



El justo valor de un esclavo



¡Señor!... Van treinta rodando
arrojados al sacerdocio;
el justo valor de un esclavo,
el precio del campo de sangre
donde el ancestro de todos
los comunes de la tierra
chocó con la piedra y el horror.
Dos mil años después,
yo leí de su sinceridad
a vísceras expuestas...
Te llamaré vida, sólo por hoy,
y diré: ¡Gracias!,
gracias por esta parentación
de rosas, canciones y besos…
Ayer lo sentí: se ciernen treinta,
y no deberían ser más.



Desnudo y de pie



Mi despojo sembrado de pie,
desnudo, sin cubierta casual.
No puedo evitar esta cita. Yo iré…
bajaré sin mortaja -en piel-
y el luto será para los invitados.
Avizoro acabar, avizoro partir;
creo por instintiva vez en el llamado
postrer de una fémina voz que
repite mi nombre en un “bis” infinito…
Y ya tengo la necesidad
de escribir este adiós.
¡Mi cerviz en alto, por favor!
La tierra vertida de a pocos
y ¡afirmen…la!;
no debo postrarme allí.
Deseo un despojo de pie.
“Todas mis noches de plata
en el cuño de treinta monedas
fueron horizontales…”
Yo quiero entrar en la noche más larga,
¡desnudo y de pie!



Paremia



Como yo, ninguno, Mujer,
como cualquiera, tampoco;
la esencia es nativa, infusa,
propia de cada ser,
y hay cantidad para antojo.

No se calcinan abrojos
para evadir las espinas,
pues con paciencia se arrancan
sin confundir a vecinas,

siembras dormidas que avanzan
si dejas huir las sombras,
a donde no puedan verse
– detrás –
y confundidas se escondan.



Poderes y unidad



Se rompe un cristal en caprichos
de dos, de tres, de más…
Cuando el sol amanece su noche,
el cielo es claro para unos
y estrellado para doses.

A ver, dime, hijo, ser viviente
de este lado de mi sangre…
¿Me amas?

Ya no te pregunto, mujer,
ya lo sé. Tú no tendrás opción;
es mejor decir que sí.
Tú te juraste hueso de mi hueso
y sangre de mi sangre -unida a mí-
para hacer de la carne de dos
una sola carne; pero yo -hija del cielo-
no me llevo bien con tu papá.

Y dime tú, dulce mamífera,
con el cuarto hablante de tu lengua,
pequeña divina, hija mía:
¿Me amas?

Ven aquí, criatura, retoño segundo
de mi haber matrimonial;
yo te amo como tú aprendes a amarme.

Y es aquí donde el oxigeno de hogar
se divide en cinco bandos, y yo…
dicto la unidad.



Una Mujer bajó



¿Monte o planicie?
En tu ceja: olvido;
¿necedad, necesidad?
En un abrazo
que dura este verso,
yo te pensaré y tú…
no sabrás de mí.

Mi costado,
pegado al tuyo,
se calienta;
-es de noche-
parienta, hermana;
mujer provinciana
llegada para ser
abajeña en mi costa
-aquí- en este averno
capital.

Desapercibida,
sin nombre,
quédate:
hay para ti un arenal
sin ventanas
y tu casa, sin colina;
y tu casa, sin colina.



Piedra blanca, doliente



Vuelve tu nombre
a retozar entre mi verso,
con doliente paso y otro paso,
con la vida asidua de tu hueso,
con el llanto blanco que no es canto,
esperanza ni rezo.

Tiemblo en tus manos de luto,
-huérfanas de un millón de días-
viudas de pan,
herederas de labor sin fruto,
semejantes a las mías.

Dame abrazo y yo te daré beso,
dame un verso y yo te daré un brazo;
bríndame una lítica de asiento
y un poncho que cubra la vergüenza
de mi muy rota y sucia camisa…

Un fermento de tu sangre en mi torrente,
-fermento de tu verso y malestar-:
Piedra blanca…, doliente.



Maestro



Siempre el clamor de vivo-muerto
en aquel indio descendiente de una piedra cansada.
He soñado con tu cara sucia
y los bollitos de pan ocultos en tus bolsillos;
era así tu mente traviesa, llena de disléxica manía.

Shulca para todos, adulto de melancolías,
verso endecasílabo que parió tu Madre.
Maestro tú, maestro el verso que te anticipó
una azufrada llovizna de incomprensión,
mal llamada crítica.

Maestro en el póstumo boceto de tu piel,
por aquel que se mentaba a picotazos de pincel;
y que para ti, en un destierro de color,
grabó con grises y halago, a doble apunte tu expresión.



Bibliografía



En un corte transversal de mi mente
hallé un dicho doloroso muy presente.
Lo congelé en el aire y lo llevé muy lejos
hasta sentir pena por mis libelos añejos.

Me volví hacia ellos, los miré,
y a desempolvarlos me avoqué.
No fue sorpresa para mí,
que a reciclar antiguallas siempre me dediqué,
excitado por ese insano placer de vivir en el ayer,
reconocer en mi anaquel:

Un diccionario -heleno y “sánscri-santo”,
hebreo y septuaginto-
que ya hace algún tiempo cesé,
junto a la historia de un pueblo, por Flavio José;
tradiciones, novelitas, biografías, notas breves mías;
fieles y extensas teologías y varios otros títulos que usé.

Me dolieron mis tristes amigos de papel,
las páginas mordidas por mi mente cruel,
ésa, la retrógrada que tengo y tendré.

Me dolieron por ser la vida de mi interés
y no me caben. Pero, ¿saben?,
Algo no me pudo doler; pues entre ellos,
poemario alguno nunca supe tener.