
l a p i e d r a m e h a b l a
la pierda me habla
digo que la piedra me habla
toda la masa de piedra de aquí
de donde somos
toda ella me habla
el agua me habla
digo que el agua me habla
toda la masa de agua de aquí
de donde somos
toda ella me habla
el fuego me habla
el viento también me habla
el otoño
las hojas tiradas
la primavera
el oxido del verano
me hablan
déjame a mí estar como yo estoy
y si quieres dime que el asfalto no me habla
y ten razón [el asfalto no me habla]
ni la piedra
ni el agua
ni el fuego
ni el viento me hablan
m e c a n t a n
y en realidad nada me dicen
e n t o n a n
y en verdad no los escucho
l o s s u e ñ o
M a r í a
Han, todos ellos, —¿quiénes?— con sus decibles mayorías,
deseado haber cabido en lo que cupe —¿desde cuándo?—
No sé quiénes, María, no sé quiénes, y así te llamas.
Yo, se nombra, yo, se mienta, yo, se escribe del es.
Yo no tengo nombre, María, y no sé quiénes, con sus decibles
mayorías, se mientan, se escriben, se nombran.

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